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Retorno para Iliana

Tengo problemas de memoria. No es algo que cuente muy a menudo, ni diré cuáles fueron las causas por las cuales estoy perdiendo poco a poco mis recuerdos, pero así es: lentamente los años de mi vida se van desvaneciendo y no puedo hacer nada para tratar de agarrarlos. O eso creía.

Tuve mi primer novia cuando iba en la Preparatoria. Yo tenía bastantes menos años que los que tengo ahora y conocí a una chica preciosa, con el carácter más agradable y muy inteligente. Muy inteligente de verdad, de esas personas con un IQ por encima de la media, y era algo que me estimulaba mucho. Duramos un tiempo en un noviazgo más bien inocente, compartíamos cosas, platicábamos mucho. Cuando terminamos la vi una o dos veces más y después de eso, no volví a saber de ella. Supongo que está casada y que tendrá dos niños. Yo que sé. La vida sigue.

Yo me mudé de casa, al otro lado de la ciudad. En la Ciudad de México, decir "el otro lado de la ciudad" significa un viaje de poco más de hora y media en auto, y muchos, muchos kilómetros de diferencia. Es decir, pocas veces he vuelto a mis viejos rumbos, y el jueves pasado -por asuntos de trabajo- fue la primera vez en más de 12 años que tuve que regresar precisamente donde vivía Iliana.

Iliana, sobra decirlo, es mi exnovia. Por nostalgia, supongo, estacioné mi coche cerca de su casa, me bajé y dudé un poco en recorrer esos lugares por donde caminábamos juntos. Sentí claramente cómo mi estómago empezaba a cosquillearme. Tomé mi cajetilla de cigarros, cogí uno, y lo encendí. La mente se me nubló un poco y decidí caminar por ahí.

Lo que siguió fue un golpe en mi cerebro: el mismo pasillo donde caminamos hace muchos años, la banquita donde una tarde nos besamos por primera vez, con el mismo árbol dándole sombra. Hay cosas que no cambian y me alegro que ese paisaje lleno de edificios, siga exactamente como aquél día.

Decía al principio que tengo problemas de memoria: ese jueves sin embargo, regresé en el tiempo. Pude recordar con toda exactitud hasta los detalles más pequeños: su cara frente a la mía, lo sorpresivo del beso, su mano estrechando la mía. Fueron tantas sensaciones en tan poco tiempo que casi lloro y vuelvo el estómago. Es bueno saber que dentro de mi mente todavía están esos pequeños recuerdos esperando ser rescatados, antes de borrarse por completo.

Si hubiera tenido un poco más de valor, hubiera tocado el timbre de su viejo departamento para saber si alguien todavía la conoce. Tratar de averiguar donde está para ver qué tanto nos han cambiado los años. De esos dos estudiantes de preparatoria, no quedará nada supongo. Sin embargo no lo hice porque el encuentro que tuve con ella al sentarme en el mismo lugar y caminar por donde lo hacíamos fue tan intenso, que con eso me basta por ahora.

Y ahora escribo esto -no con la intención de que ella lo lea- sino por no perder lo que el jueves gané. Feliz regreso a tu memoria, Guillermo.

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