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¿Ciencia pa' qué?

El gobierno (de cualquier país, vaya, o de cualquier estado, da lo mismo) tiene cierto dinero que a principios de año destina a las necesidades de su gente: un cacho para educación, otro más grande para salarios de funcionarios, otro poco a hospitales y la morralla (o las sobras) a la cultura y a la ciencia.

Eso es una verdad innegable a todas luces: tal parece que la ciencia y la cultura no serán nunca una prioridad del gobierno, a menos que a la presidencia llegue un científico o un artista (que como van las cosas, eso nunca pasará: en EU el último presidente científico fue Tomas Jefferson ¡uuuhhh!). Los científicos se paran de pestañas cada año porque ven reducido su presupuesto cada vez más, lo que se traduce en menos equipo para investigar, menos plazas y menos investigadores. Pero digo yo, pregúntome yo y cuestiónome yo: ¿que han hecho los científicos para mantener ese presupuesto?.

Sueno muy duro: lo sé. Pero piénsenlo: supongamos que el presupuesto para una investigación sobre las células madre depende de un miembro del congreso que se para a las 10 de la mañana y que a veces ni va a trabajar (o sea, a calentar su asiento en el Palacio). Cuando el tipo oye “células” piensa en su teléfono celular y cuando oye “madres” piensa que lo están ofendiendo ¿que posibilidad hay que ese señor de su voto para que le den más lana a algo que no conoce?.

¿La solución? Que los científicos se hagan merolicos. Es verdad. Creo que el esperar pasivamente a que lleguen los recursos nunca pasará (si no pasó en otros tiempos ¿por qué habría de pasar ahora?). Por muy feo que suene, los científicos deben hacerla de divulgadores e investigadores al mismo tiempo. Divulgar ciencia lleva su tiempo, y no es tan fácil, porque requiere un gran esfuerzo mental el tratar de explicar el trabajo personal a la gente que no tiene la más mínima idea del tema.

Ojo: no quiere decir que al final todos van a ser científicos en potencia. Para nada. Pero si por lo menos el quehacer científico se da a conocer, la gente se familiarizará y se logrará un buen avance. Pongo de ejemplo a mi mecánico automotriz: yo antes iba con un tipo que me decía “se le descuacharingó la pieza que une la alpargata con el embobinado radial y van a ser 800 pesos”. Claro está que yo no entendía nada, y encomendaba mi auto con la Virgencita.

Pero afortunadamente después conocí a un mecánico que simplemente me decía “se le rompió la bomba que avienta el aceite pa’ arriba y ya se le gastó el empaque”. Ah que diferencia. Por lo menos usaba palabras que yo conozco y con gusto le pago si me explica qué es cada cosa.

Así debería de ser con el Congreso y los científicos, digo yo.

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