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Chilango City

Creo que es inútil tratar de defender a los chilangos. Yo lo soy, claro, pero cada vez me convenzo más de que tenemos comportamiento irracional y fuera de toda lógica. Por ejemplo, en el pasado puente vacacional, salieron algunos reportajes de cómo algunos chilangos se fueron -con 200 pesos en la bolsa- a pasar todo un fin de semana a Acapulco. ¿Que cómo lo hicieron? Fácil: pidiendo aventón en la carretera, limpiando parabrisas allá, buscando a quien tranzar. Claro que en medio de todo, tiraron basura, tomaron cervezas en la playa, se trataron de ligar a la hija de un señor que les dio aventón. Es decir: los peores patanes.

Todo esto lo digo porque hace algunos meses escribí un artículo en esta misma página tratando de suavizar el odio irracional hacia los que viven en la Capital de México, del cual recibí muuuchos correos, la mayoría de ellos en contra de los chilangos (artículo que puedes leer si lo buscas por aquí). Pero tratar de defendernos es como generalizar que todos somos "gandallas": tan falso lo uno como lo otro. Es cierto que hay muchísimos chilangos que van a provincia (hasta el término provincia puede sonar despectivo aunque esté bien aplicado) creyéndose "los muy civilizados" o "los muy influyentes" al mas puro estilo de Tarzán, y que tratan a los demás con prepotencia.

Sin embargo me niego a dejarme llevar por esa actitud. Estoy convencido igualmente que hay muchísima gente en otros estados que tienen esa mala actitud (no quiero ni recordar la vez que esperé casi una hora a que me sirvieran unas enchiladas en Zacatecas, sólo porque no se les daba la gana atenderme). Y de igual manera sé que hay muchísima gente en la capital que quiere (queremos) quitarse de esa mala reputación chilanga.

Sin embargo creo que gran parte de esta culpa se debe al gobierno. No al gobierno priista ni panista ni de ningún partido político, sino a la manera como siempre ha estado organizada nuestra República, tremendamente centralizada, con todas las oficinas en el centro. Seguramente habrá gran diferencia cuando las economías de cada estado sean impulsadas para no depender en nada de la capital.

¿Y qué se puede hacer? Pues creo que no mucho. Escribir se me ha hecho una buena opción para tratar de convencer a los demás de que nos den el beneficio de la duda, aunque creo que la mejor manera de hacerlo es cambiando nuestra actitud. Ya no deseo que la gente que es de otros estados me escriban diciendo que los chilangos somos una "raza" de lo peor. Esperaría mejor que los chilangos que leen esto sepan que si los demás tienen una mala imagen de nosotros es por nuestra culpa. Pero que siempre estamos a tiempo de cambiar.

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